La explotación sexual infantil en el mundo, la pesadilla de millones de niños, niñas y adolescentes

 

Foto: Raúl Ramírez «Kigra»

Este es un tema que me duele mucho por toda la integridad y dignidad que le arrebata a niños, niñas y adolescentes en todo el mundo. Me avergüenza que mi país sea catalogado como un país de origen, tránsito y destino de víctimas de trata. Es difícil encontrar cifras entorno a este problema, pues hay muchos casos que no se contabilizan por su carácter ilícito y falta de denuncias. Pero se estima que cada año se secuestran 21 mil niños, niñas y adolescentes por redes criminales, de acuerdo con la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNDOC).

 

Se aproxima también que a 70 mil niñas y niños se les usa para el turismo sexual infantil en México. 70 mil menores sufriendo abuso sexual continuo y siendo fuente de lucro para proxenetas. Y no es el país que tiene la cifra más alta, es el segundo. El primero es Tailandia, según datos de la Comisión Unidos vs. Trata.

 

Pero esto no es nada nuevo, sabemos qué pasa, sabemos en qué países y muchas veces qué personas son quienes vulneran. Entonces: ¿por qué esto sigue en aumento y no se frena de raíz? Considero que una posible respuesta sería: por la enorme red de corrupción, complicidad y cultura de violación que perpetramos. Y esta misma funciona a través de dos cosas: el miedo y el dinero. Estos factores (juntos o aislados) son suficientes para que una persona o institución guarde silencio y frene toda acción por erradicar esta problemática.

 

Y es que, el dinero que genera no solo es de consumidor a proxeneta, sino que existen pagos ilegales a diversas personas para que ejerzan omisión y dejen a estas redes criminales seguir con el negocio. Según la Organización de Naciones Unidas se estima que la explotación sexual infantil genera de 32 mil millones a 37 mil millones anuales de dólares a nivel mundial.

 

Y eso es una cantidad suficiente para que las personas dejen que se siga violentando a niños, niñas y adolescentes en todo el mundo. Es realmente lamentable, dejar así de lado los derechos humanos de la infancia y ser parte de forma directa o indirecta del problema.

 

La primera vez que me volví más consciente sobre esta problemática fue con una obra de teatro llamada “El Caimán y los Sapos” de Pilo Galindo y puesta en escena por Teatro Bárbaro. En esta obra se retrata la realidad que viven niñas y adolescentes, muchas indígenas, en Tenancingo, Tlaxcala, una cuidad en el sur de México que ha sido bautizada como “la capital de la esclavitud sexual”. Retrató de una forma muy real la cruda realidad a la que se enfrentan los niños, niñas y adolescentes que son explotadas ahí, y me hizo entender el papel que juega la sociedad como cómplice.

 

Las niñas de la obra hablan de por qué si la gente de la ciudad sabe que ellas están ahí a la fuerza y son prostituidas no las ayudan. Dentro de la obra también hay un periodista infiltrado para hacer un reportaje sobre esto (cabe mencionar que la obra está basada en noticias reales que adjunto en mis fuentes). Y en una parte de la obra, una chica le empieza a decir que ella le puede dar toda la información que desee para hacer un reportaje, un documental, una película o hasta una obra de teatro pero que eso no va a cambiar que la gente de la ciudad encubra a quienes las manejan y que el gobierno y policía deje de aceptar sobornos.

 

Esto me hizo sentir muy impotente porque es verdad. Especialmente por esto de que sabemos que el problema está ahí, pero nadie hace nada y quién intenta hacer algo arriesga su vida enormemente porque implica enfrentar a criminales con el poder de matarte o de dañar a quiénes amas.

 

A veces pienso en qué pasaría si tuviera de nuevo 13, 12 u 11 años y yo fuera prostituida por redes de trata. ¿Tú lo has pensado alguna vez? ¿Qué podrías hacer para salir de eso viva? Lo peor es el sentimiento que me da después de imaginarlo, que es estar agradecida de no haber corrido esa suerte. Me siento agradecida de no haber vivido algo que nadie debería de vivir.

 

Creo que algo que no terminamos de entender es que no esta bien hacer como si los problemas no pasaran solo porque no nos afectan directamente, si tuviéramos algo como un despertar colectivo podríamos salvar estas vidas y vencer al miedo y al dinero. Y también nos hace falta ver que esto esta acabando con la integridad física y mental de millones de niños, niñas y adolescentes.

 

Podemos empezar por luchar por una mejora en la calidad de vida en educación, salud y oportunidades laborales en sectores vulnerables como prevención para reducir el número de secuestros de niños niñas y adolescentes para el negocio de la explotación sexual infantil, pues muchos de ellos son captados con engaños a través de relaciones románticas y con la promesa de una mejor vida. Inclusive siguen existiendo casos donde las familias consienten los abusos sexuales a menores por dinero. Con una mejor calidad de vida para las personas se reducen las probabilidades de que acepten este tipo de ofertas y se reduce su estado de vulnerabilidad.

 

Con una educación sexual integral desde edades tempranas también podemos buscar reducir el consumo de la prostitución, porque si no hay personas que estén dispuestas a pagar por violar niños, niñas y adolescentes, no existiría este negocio.

 

Y por último, invito a todos los niños, niñas y adolescentes a empezar a hablar más de estos temas sin miedo, para seguir exigiendo a nuestros garantes de derechos que les garanticen a todos nuestros pares una vida libre de violencia.

 

Escrito por: Marisol Rivera.

CORIA México

 

Fuentes: