¡El 9 de junio es nuestro!

 

La población de niños, niñas y adolescentes fue vulnerable durante muchos años, quedó invisibilizada e incluso estos eran vistos como un objeto de derechos. Sin embargo, el interés que se despertó en muchas instituciones por la promoción y prevención real de las niñas, niñas y adolescentes ha marcado un antes y un después en la historia.

 

Se pasó de no tener ni voz ni voto en diversos acontecimientos que le competían a tener un papel protagónico en tomas de decisiones, así como la aparición de varias redes de apoyo conformadas por individuos en iguales condiciones que garantizan un sano ejercicio hacía sus derechos, proporcionando un sano desarrollo integral y social.

 

Muchos países que ratificaron la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), han realizado diferentes acciones que promueven sus derechos estipulados. Un ejemplo de esto es Costa Rica, mediante su institución que vela por esta población en específico, llamada Patronato Nacional de la Infancia (PANI), se crean diferentes mecanismos promotores de derechos, pero focalizado en el derecho a la participación.

 

Desde entonces, los niños, niñas y adolescentes son vistos como sujetos de derechos y se comienza a trabajar para que estos y estas sean vistos como los sujetos de derechos que son hoy ejecutando sus derechos que dicta la convención y con más libertad de toma de decisiones, expresión de opiniones personales y demás.

 

Lamentablemente, no toda esta población puede hacer uso de sus derechos como debería ser, en el país aún faltan muchos aspectos que perjudican a la infancia y la adolescencia, siguen existiendo factores como la explotación laboral o sexual, casos de acoso escolar, violencia intrafamiliar e incluso altos índices de suicidio. Todos estos temas deberán ser resueltos para poder tener una ciudadanía digna de cada niña, niño o adolescente en este país para efectuar su vivencia adecuada.

 

Gracias a estos factores y a todos los restantes que otros países también pueden estar experimentando, es que el 9 de junio se muestra tan importante y necesario. La celebración hacia estas personas debería llevar a la reflexión de la importancia que los cubre debido a que en este periodo de crecimiento los niños, niñas y adolescentes son seres llenos de ideas innovadoras, de desarrollo significativo y de buenas alternativas. Los adultos deberían prestar más atención hacia un niño o una niña, sus visiones hacia el mundo son muy diferentes y podrían ser de gran apoyo.

 

No hay mejor manera de poder apoyar a un o una adolescente ante sus cambios físicos y psicológicos en esta época si no es escuchándolo, sólo así se puede tener una buena idea de cómo manifestar el apoyo. Además, tomar en cuenta su opinión se vuelve bastante significativo en su vida, ya que este se sentiría incluido y que sus ideas son valiosas.

 

En el 9 de junio, se debería alentar a las personas adultas aprenden a escuchar y tomar en cuenta lo que un niño, una niña o algún adolescente quiera expresar, utilizarlo como herramienta eficaz que sirva para reparar relaciones familiares, para ponerle fin a problemas fuera del hogar, para elevar la dignidad propia de cada ser y de hacerle saber lo importante que es ser una niña, un niño o un adolescente.

 

Los países deben asumir un compromiso con esta población, no sólo por lo importante que es tener sus comunidades más jóvenes fuertes, para que se encarguen de hacer del futuro un lugar mejor para las viejas y nuevas generaciones, si no también, porque todos y todas merecen disfrutar de las relaciones sociales o familiares además de vivir en condiciones adecuadas y dignas de cualquier ser humano.

 

Ya es hora de que las niñas, los niños y los adolescentes se empoderen y que los países partícipes de la CDN proveen las herramientas necesarias para que este cambio necesario ocurra, que el 9 de junio sirva para reflexionar y celebrar la importancia que merece esta población tan especial.

 

Escrito por:

Tatiana Romero

CORIA Costa Rica