Educación Sexual Integral en la infancia y adolescencia para prevenir el abuso sexual

 

El debate social sobre hablar de sexualidad, relaciones sexuales y género ha aumentado estos últimos años. Además de que se ha posicionado en las agendas globales como en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo del Cairo en 1994, que reconoció los derechos sexuales y reproductivos.

 

Una de las grandes preguntas que surge a través de este debate es: ¿cómo y cuándo iniciar esta educación sexual?

 

Y es que hablar de un tema como este, con tanta desinformación, tabúes y pena para ser discutido, muchas veces se piensa que al hablar de esto con la infancia y adolescencia conducirá a que, por haber otorgado la información, se aceleré el proceso de poner en práctica las relaciones sexuales en la vida de quiénes son informados.

 

Pero es todo lo contrario, porque al dar información sobre sexualidad a un niño, niña o adolescente le das la oportunidad de que al llegar ese momento de su vida donde empieza el autoerotismo o a compartir su cuerpo con alguien más, lo haga con seguridad, sin culpa, sin presiones, con consentimiento sexual y conociendo las formas de protegerse de infecciones y embarazos tempranos.

 

Y particularmente, la educación sexual es una herramienta fundamental para la prevención de abuso sexual infantil. Entendiendo el mismo como cuando una persona de la misma o mayor edad, los obliga a tener contacto sexual a través de caricias, besos o tocamientos; a ver y escuchar pornografía o exhibir los genitales y/o a manifestar cualquier comportamiento de tipo sexual, de acuerdo con el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA).

 

Cuando se da una educación sexual integral se empieza a desarrollar la capacidad de reconocer cuando hay conductas entre pares o personas adultas que dañan la integridad sexual del niño, niña o adolescente. Además, ayuda a reconocer que nuestro cuerpo nos pertenece y hay caricias que no están bien y zonas que no deben de ser tocadas o vistas sin nuestro consentimiento.

 

Hay niños, niñas y adolescentes que enfrentan situaciones de abuso sexual y no lo reconocen. Y lo triste es que no es que no tengan educación sexual porque así lo decidan, sino porque alguien mayor pensó que no la necesitan. Pero la realidad es que vivimos en un país donde el abuso sexual infantil es una realidad más cercana de lo que nos gustaría, y necesitamos darle a la infancia y adolescencia las herramientas para reconocerlo y no callarlo. Mientras más personas informadas haya, menos víctimas habrá.

 

Tan solo en mi país, México, se estima por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que más de cuatro millones de niños y niñas son víctimas de abuso sexual. Y además es el primer lugar a nivel mundial en materia de abuso sexual de personas menores de 18 años de edad. Y a nivel Latinoamérica, Unicef declaró en el 2017 que: cerca de 1,1 millones de niños, niñas y adolescentes en América  han sido víctimas de violencia sexual en algún momento de su vida. Y en la mayoría de los casos los abusos no son cometidos por gente extraña, sino por personas cercanas a la víctima. Y estos datos son aproximaciones de lo que se ha podido detectar, hay una cifra negra enorme de quienes sufren abuso y deciden callar por miedo a que no les crean o a sufrir más daño.

 

Siendo niños, niñas y adolescentes necesitamos educación sexual integral como una medida de prevención a la violencia. Necesitamos que las personas adultas nos enseñen que nuestra voz tiene valor y de pasar una situación así será escuchada, así como que nuestro cuerpo no debe de ser tocado sin consentimiento por nadie, ni siquiera por un miembro de nuestra familia o alguien que tenga una autoridad sobre nosotros.

 

Acerquemos esta información a nuestros pares como niños, niñas y adolescentes, y a la gente adulta que me lee le pido que hable de este tema con niños, niñas y adolescentes. Una acción tan simple como educar puede prevenir más abusos y ayudar a que los que existen no sean callados dejando a agresores impunes.

 

 

Escrito por: Marisol Rivera

CORIA México

Fuentes: