Cada mentira que contamos es una deuda con la verdad, tarde o temprano hay que pagarla

 

Bastante he pasado sin escribir debido a una serie de actividades que me dejan sin tiempo, pero hace unas semanas leí algo que se me quedó en la cabeza, dando vueltas, y necesito contarlo, porque el mundo entero debe tomar conciencia y acciones sobre esto.

 

El 24 de agosto, Luis Pedernera, presidente del Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, publicó en su cuenta de Twitter imágenes de algunas de los cientos de cartas escritas por niños brasileros en donde cuentan el miedo y la violencia por los operativos policiales que allí realizan. Cito lo publicado por Luis Pedernera: “La tasa de homicidios en Brasil contra menores de 18 años es de 53 cada 100 mil habitantes”.

 

Por un lado, vemos un presidente que manifiesta ser evangélico ortodoxo y por otro, vemos un presidente de doctrina militar que a fin de recuperar un país tomado por el narcotráfico provoca la muerte y el pánico de quienes por desgracia viven en zonas invadidas por mafias de todo tipo.

 

Cuando hablamos de desterrar la criminalidad, el narcotráfico, la trata de personas, los robos y toda clase de delitos que puedan imaginar, soy el primero en levantar el brazo para apoyar la propuesta y permitir que se aplique todo el peso de la ley. Pero si el operativo, por ejemplo, para atrapar 3 delincuentes pone en riesgo la integridad física o psicológica de un civil ajeno a la situación, debe ser repensado y asegurar el bienestar del mismo.

 

No se puede solucionar un mal cometiendo otro, y mucho menos se puede ocultar lo que pasa. Hoy vemos, principalmente en América, que las cárceles están colapsadas, que los presos están hacinados, que las instalaciones y los servicios son caóticos, entre tantos otros problemas que, en vez de trabajar sobre la persona para reinsertarla, provoca el aumento de odio, resentimiento, sed de venganza y sobre todo aislamiento/marginación social. Porque con estas acciones lo único que hacemos es eso, aislarlo durante un tiempo de la sociedad para que no nos perjudique, pero no pensamos que si durante ese tiempo no lo ayudamos cuando salga seguirá igual o peor.

 

¿Qué es lo que realmente esperamos que pase cuando una persona ingresa a la cárcel?, ¿qué sufra y muera en el interior o que reflexione, se prepare y reinserte en la sociedad?

 

El mundo debe decir basta, debemos, todos juntos, pedir y trabajar para que se acabe la violencia en los operativos policiales, pero, también retribuir con la colaboración durante los mismos, y digo esto porque si la policía es agresiva con un niño, le está dando el mensaje de que él también tiene que ser agresivo, y si nosotros los adolescentes, quienes estamos próximos a la adultez o los adultos  no respetamos a las fuerzas armadas, tampoco podemos exigir que ellas lo hagan; la violencia no se puede justificar desde ningún punto, pero la mejor manera de erradicarla es con el respeto reciproco.

 

Por último, enfocarnos en que las instituciones que privan de la libertad a los adultos y sobre todo a los adolescentes sean verdaderos centros de reinserción y no un simple lugar en donde encerremos a una persona porque así lo dice la ley.

 

Porque si ignoramos lo que verdaderamente pasa en estos lugares y hacemos de cuenta que todo es un mundo de rosas, solo nos seguiremos mintiendo a nosotros mismos, y cada mentira que contamos es una deuda con la verdad, que tarde o temprano hay que pagarla.

 

Escrito por: Kurt Ottosen.

CORIA Argentina.